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Cómo cambió la política (Semana, Colombia)

Después de los dos gobiernos de Álvaro Uribe, la forma de hacer política en el país no volverá a ser la misma. El liderazgo del mandatario alcanzó tal dimensión que terminó marcando nuevas pautas para quienes quieren hacerse elegir y gobernar con popularidad.

El cambio de paradigma que impuso Uribe a las campañas presidenciales se hizo evidente en 2002, cuando se convirtió en el primer disidente de un partido tradicional en llegar a la Presidencia de Colombia. Después de abandonar el Partido Liberal, inscribió su candidatura con el aval de un millón de firmas y llegó al poder con el apoyo de fuerzas políticas dispares. Por si fuera poco, mientras nacía la política virtual volvió a las formas proselitistas tradicionales: buscó los votos en los pueblos más alejados y prefirió hablar en las emisoras comunitarias que en los medios de impacto nacional.

Pero si Uribe cambió la manera de llegar al poder, también cambió la forma de ejercerlo. El suyo fue un gobierno en permanente campaña. En parte por su afán reeleccionista, pero ante todo por un estilo propio que trasladó el Palacio de Nariño a las regiones, volvió itinerantes los consejos de ministros, esculpió un efectivo discurso paternalista y realizó más de 320 consejos comunales en los que se convirtió en el representante de los ciudadanos frente a la incapacidad del Estado de resolver los problemas. Uribe se posicionó ante el pueblo como el Presidente que interpreta las necesidades de los ciudadanos y no como el jefe de Estado encargado de resolverlas.

Era común verlo en las regiones apartadas dando órdenes para hacer carreteras, obligando a los ministros a buscar plata para hospitales o regañando desde su teléfono celular -y ante las cámaras y el público- a algún funcionario por no responder con prontitud alguna petición comunitaria.

Este modo de gobernar, carente de intermediaciones institucionales y políticas pero con altos niveles de popularidad, se ajusta a los rasgos que los académicos definen como propios de los gobiernos 'neopopulistas'. En ellos, además de tener una enorme concentración del poder personal, los mandatarios desprecian a la clase política mientras coexisten con ella, y reniegan de los partidos tradicionales para abrirles paso a nuevas formas de interlocución con la ciudadanía. En este estilo "se inscriben los mecanismos de democracia directa de los que el gobierno Uribe echó mano: los consejos comunales, el referendo y la reelección presidencial, como plebiscito de apoyo a la persona del primer mandatario", anota en un reciente ensayo la investigadora de la Universidad Externado Cristina de la Torre. 

 

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Publicado el sábado 31 de julio

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