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Vide de Zurdo
Me incorpore a una célula marxista, siendo un chico de 14 años, como obrero metalúrgico. Recuerdo que fue un sábado en la tarde, en el local del sindicato de Credissa Phillco, en Jesús María, me bautice como PABLO. A partir de ahí empezó mi trabajo como sindicalista comprometido con la izquierda; a estudiar y aprender de la ideología del partido, del marxismo leninismo, pensamiento Mao.
Una sesión de la célula clandestina, era para informar sobre las diversas tareas aprobadas en cada reunión, después informes sobre la situación política nacional, y luego la lectura y debate sobre algún documento interno del partido. Estas reuniones eran cerradas y secretas, duraban más de tras horas, y a veces hasta de amanecida. Recuerdo mucho una de ellas, cuando en el Callao, en la casa de un compañero bancario, en pleno toque de queda, nos quedamos a dormir, y el dirigente nacional que bajo a informar se quedo. Como era tan grande, le ofrecieron la mesa, y ahí quedo, largo e incomodo, porque la mesa era chica para su tamaño. Sí, adivinaron era Cucho Haya, en ese entonces “Borja”, dirigente nacional del PCR Trinchera Roja, en debate con “Fernando”; “El colorado Manuel”, que era del PCR “Clase Obrera”.
El pensamiento marxista en una célula sostenía sobre la ideología lo siguiente: En toda sociedad de clases existen luchas entre clases dominantes (capitalistas) y clases dominadas (proletarios y campesinos). La clase que ejerce su dominio por la vía electora o la fuerza es dueña de todo lo material (estructura) en una determinada sociedad, e impone y domina también en el plano espiritual o súper estructural. Impone su propia ideología al resto de la sociedad, y crea modelos de estado que le permiten sostener el poder. El pensamiento marxista leninista sostenía que sobre la base económica del capitalismo se ha erigido la superestructura correspondiente, es decir en la sociedad capitalista o burguesa se construyeron las concepciones y teorías políticas y jurídicas dominantes en la sociedad industrial; la filosofía, la moral burguesa y el arte de la burguesía; todo configuraba el Estado y el Derecho burgués, con su aparato represivo, tribunales, cárceles, ejércitos, servicios de inteligencia; igualmente los partidos políticos de la derecha y otras organizaciones sociales de la clase dominante, junto con la prensa burguesa, la radio, el cine, el teatro y la iglesia, todas estas instituciones y organizaciones para imponer la ideología burguesa a la sociedad, sobre todo a los trabajadores, para explotarlos.
Frente a ello se sostenía la ideología socialista como factor esencial para un cambio, para una transformación radical del sistema capitalista imperante. Esa era la base ética para militar en un partido de izquierda. Todos deberíamos contraponernos a la ideología burguesa, la clase obrera debía tener sus propios ideólogos, crear, como Mariategui, su ideología socialista; que expresa su situación de clase, sus intereses y objetivos; crear el Partido Comunista como partido revolucionario marxista, así como otras organizaciones, con el fin de luchar contra el capitalismo, contra la base capitalista y la superestructura que oprimía al ser humano.
Era importante en el estudio de los miembros de la célula, zanjar con el economismo porque la lucha económica no constituye la forma fundamental y decisiva de la lucha del proletariado. La experiencia histórica ha señalado que la clase obrera sólo puede lograr un mejoramiento radical de su situación económica, destruyendo el sistema capitalista de economía, y para ello tiene que librar una lucha política dirigida a la conquista del Poder político y su consolidación; “la lucha política expresa los intereses vitales del proletariado y es por tanto la forma superior de la lucha de clases”. Las conquistas políticas no pueden lograrse sin la consiguiente lucha ideológica, sin que la clase obrera adquiera la ideología socialista de clase, que le sirve de guía revolucionaria, para la transformación radical de la sociedad que debe llevar a cabo.
Todos los militantes por ello desarrollábamos la lucha ideológica como la palanca para transforma la lucha económica en lucha política. Cientos de tareas cotidianas en la fabrica o en las asambleas de la FETIMP y la CGTP para que el proletariado sea capaz de derrocar al capitalismo, constituirse como clase, y tener conciencia de sus intereses de clase, según expresión de Marx y Engels, de clase en sí, en clase para sí, y ello sólo puede lograrse mediante la fusión de la teoría del Socialismo Científico en el movimiento obrero; nuestra tarea en el Partido era hacer conscientes esas relaciones, transformar aquella conciencia incipiente en conciencia revolucionaria. Toda lucha espontánea de clases debíamos transformarla en lucha consciente, condición indispensable que el Partido construya ideología socialista en el movimiento obrero, y que el proletariado y el campesinado adquieran conciencia de su misión histórica.
En una escuela del partido
Un sábado por la tarde fui citado a un punto (Así llamábamos a los lugares de contacto), y desde ahí trasladado a otros puntos hasta llegar a un local donde se nos empezó a dar formación marxista. Era la Escuela del Partido. Piqueras, Sulmont, Pina, Cucho, Sinesio entre otros dictaban los cursos, toda una constelación de intelectuales entre los cuadros obreros del partido. Era un chico con grandes personajes de la izquierda peruana.
En la escuela se nos enseñó a usar la dialéctica del marxismo,
Un marxista leninista toma en cuenta, las condiciones objetivas y la correlación de clase en cada etapa del desarrollo de la lucha de clases y las condiciones reales de la vida material, como las fuerzas determinantes del desarrollo de la sociedad;
1. Un marxista leninista registra con exactitud una determinada formación económico-social y las relaciones antagónicas engendradas por ella;
2. Un marxista leninista, al mostrar la necesidad de una serie de hechos, no toma el punto de vista de la apología de esos hechos, un marxista descubre las contradicciones de clase y determina con ello su propio punto de vista;
3. Un marxista leninista no habla de las tendencias históricas inevitables; un marxista habla de la clase que “domina” el orden económico de que se trata, creando las formas de resistencia de las otras clases;
4. Un marxista tiene siempre una actitud de Partido, una conducta colectiva, que lo obliga a situarse en cualquier enjuiciamiento de los acontecimientos, abierta y directamente en el punto de vista de un determinado grupo social, del proletariado.
Convencido y nunca vencido
Estaba convencido de que para asumir plenamente mi función de dirigente de masas o del partido era necesario que mi actividad práctica vaya unida al estudio continuo y atento de la situación política interna e internacional, y de la ideología marxista-leninista. Solo así se podrá examinar y resolver no sólo los problemas inmediatos fábrica, sino incluso aquellos más complejos que atañen a mi vida y de toda la sociedad. Para mi el Partido era la vanguardia de la clase obrera, la fuerza que dirige y organiza el movimiento de las masas en lucha contra la explotación capitalista. Como comunista siempre estuve por ello como centro de un grupo de simpatizantes o militantes desarrollando doble vida, en largo y paciente trabajo personal para demoler las mentiras y calumnias del adversario, para clarificar a todas y todos los trabajadores cuáles son sus verdaderos intereses, para dar a conocer qué es y cómo trabaja nuestro Partido, qué es la Liberación Nacional, qué es la Revolución Socialista, y justificando la violencia como partera de la historia, y de la legitimidad de las armas para avanzar.
Me sentí siempre como pez en el agua, participando activamente en la vida del Partido al calor de la lucha de clases; estudiando para mejorar nuestros conocimientos de la ideología marxista-leninista. Escribía y trabajaba. Impulsaba instrumentos de trabajo político y de estudio recogía y difundía la prensa y las publicaciones periódicas del Partido. Era escritor, imprimía y distribuía “El Metalúrgico Rojo”, que influenciaba en la poderosa FETIMP-CGPTP.
Por eso cuando en 1975 ingrese a San Marcos en mi sí se cumplía eso de ESTUDIAR Y LUCHAR, y me hacia diferente al resto de mi generación. Entre 1974 y 1993, tenia clara mi condición de militante y dirigente comprometido con mis ideales, con mi ubicación ética en la sociedad siendo de izquierda. El golpe de 1992 y las incapacidades en la Dirección Nacional del PUM, y la desarticulación de la vida en células y comités del partido, hicieron que saliera de esa vida de catacumbas y de clandestinidad, de doble vida cotidiana, y pasara a un proceso de volver a estudiar lo aprendido en mi vida en una célula marxista del siglo XX. En 1993 volví a las aulas a estudiar política, a intentar hacer un balance de lo vivido y ver qué quedaba en pie del viejo edificio ideológico de mi marxismo leninismo del siglo XX. No había más IU, ni PUM, empezaba la reforma del estado en una incipiente globalización, y no tenia respuestas, ni partido, ni célula, debía recomenzar de nuevo, solo adelantaré que en 1995, terminado de estudiar políticas, me sumergí en los movimientos regionales para seguir mi vida política colectiva, dejando atrás los pensamientos sobre el proletariado, el partido para la revolución, y sobre todo que en el país no había situación revolucionaria.
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